martes, 3 de abril de 2012

-ARQUITECTURA


Arquitectura, es arte o ciencia de proyectar y construir edificios perdurables. Sigue determinadas reglas, con objeto de crear obras adecuadas a su propósito, agradables a la vista y capaces de provocar un placer estético.


El tratadista romano Vitrubio estableció en el siglo I a.C. las tres condiciones básicas de la arquitectura:( Firmitas, Utilitas, Venustas) entre terceras palabras seria (resistencia, funcionalidad y belleza). La arquitectura se ha realizado como diferentes estilos a lo largo de la historia: gótico, barroco y neoclásico, entre otros. También se puede clasificar de acuerdo a un estilo más o menos uniforme, asociado a una cultura o periodo histórico determinado: arquitectura griega, romana, egipcia. El estilo arquitectónico refleja unos determinados valores o necesidades sociales, independientemente de la obra que se construya (casas, fábricas, hoteles, aeropuertos o iglesias). En cualquier asunto, la arquitectura no depende sólo del gusto o de las tarifas estéticas, sino que tiene en cuenta una serie de cuestiones prácticas, estrechamente relacionadas entre sí: la elección de los materiales y su puesta en obra, la disposición estructural de las cargas y el precepto fundamental del uso al que esté destinado el edificio.


 Ganadores del Premio Pritzker 

En la arquitectura como en otras carreras u oficios profesionales se puede obtener un premio por lo tanto a la construcción se le ha otorgado El Premio (Pritzker) 

La Edificación es el galardón internacional más prestigioso en el campo de la arquitectura. Por su importancia, ha sido comparado con el Premio Nobel. 

La arquitectura aborigen, de la que no trata este artículo, se caracteriza por no seguir ningún estilo específico, ni estar proyectada por un especialista, sino que se construye directamente por los artesanos y normalmente utiliza los materiales disponibles en la zona.



MATERIALES DE CONSTRUCCIÓN


Azulejos portugueses  


En Portugal floreció de forma especial el gusto por la decoración con azulejos, arte que alcanzo un gran esplendor en el siglo XVII. En esta imagen podemos observar un típico ejemplo de fachada encubierta de loseta cerámica vidriada (ornamento de loseta)   

La existencia de un material natural está pobremente relacionada con la iniciativa de las herramientas para su explotación y determina las formas constructivas. Por ejemplo, la carpintería de madera apareció en las diferentes áreas boscosas del planeta, y la madera sigue siendo, aunque su uso esté en desnivel, un material de construcción importante en esas áreas.

En diferentes zonas en el mundo, las piedras naturales se utilizaron en los monumentos más representativos debido a su permanencia y a su resistencia al fuego. Dado que la piedra se puede tallar, la escultura se integró fácilmente con la arquitectura. El empleo de piedras naturales en la construcción está en decadencia, debido a su elevado precio y a su complicada puesta en obra. En su lugar se utilizan piedras artificiales, como el hormigón y el vidrio plano, o materiales más ligeros, como el hierro o el hormigón, entre otros.

En las regiones donde escaseaban la piedra y la madera se usó la tierra como material de construcción. Aparecen así el tapial y el adobe: el primero consiste en un muro de tierra o barro apisonado y el segundo es un bloque constructivo hecho de barro y paja, y secado al sol. Consecutivamente aparecen el ladrillo y otros productos cerámicos, basados en la cocción de piezas de arcilla en un horno, con más resistencia que el adobe.

Por tanto, las culturas primitivas utilizaron los productos de su entorno e inventaron utensilios, técnicas de explotación y tecnologías constructivas para poderlos utilizar como materiales de edificación. Su legado sirvió de base para desarrollar los modernos métodos industriales.



MATERIALES DEL SIGLO XIX 

En el siglo XIX se inventó el cemento (PORTLAND)


La construcción con piedra, ladrillo y otros materiales entre otras palabras se le llama albañilería. Estos elementos se pueden trabar sólo con el efecto de la gravedad (a hueso), o mediante juntas de mortero, pasta compuesta por arena y cal (u otro aglutinante “adhesivo”). Los romanos descubrieron un cemento natural que, combinado con algunas sustancias inertes (arena y piedras de pequeño tamaño), se conoce como argamasa. Las obras construidas con este material se cubrían posteriormente con mármoles o estucos para obtener un acabado más aparente. En el siglo XIX se inventó el cemento Portland, que es completamente impermeable y constituye la base para el moderno hormigón.

Otro de los inventos del siglo XIX fue la producción industrial de acero; los hornos de laminación producían vigas de hierro mucho más resistentes que las tradicionales de madera. Es más, los redondos o varillas de hierro se podían introducir en la masa fresca de hormigón, aumentando al fraguar la capacidad de este material, dado que añadían a su considerable resistencia a compresión la excepcional resistencia del acero a tracción. Aparece así el hormigón armado, que ha revolucionado la construcción del siglo XX por dos razones: la rapidez y comodidad de su puesta en obra y las posibilidades formales que ofrece, dado que es un material plástico. Por otra parte, la aparición del aluminio y sus tratamientos superficiales, especialmente el anodizado, han popularizado el uso de un material extremadamente ligero que no necesita mantenimiento. El vidrio se conoce desde la antigüedad y las vidrieras son uno de los elementos característicos de la arquitectura gótica. Sin embargo, su calidad y transparencia se han acrecentado gracias a los procesos industriales, que han permitido la fabricación de vidrio plano en grandes dimensiones capaces de iluminar grandes espacios con luz natural.


CONSTRUCCIÓN 

Cuando los materiales se disponen en vertical y todas las cargas trabajan a compresión, la estructura es bastante estable, como en el caso de los muros. El mayor problema aparece al cubrir un espacio creado entre dos muros. Las dos soluciones básicas son el sistema adintelado (compuesto por columnas, pilares y dinteles o vigas) y el sistema abovedado (a base de pilares, muros, arcos y bóvedas o sus derivadas, las cúpulas). En el sistema adintelado, los dinteles o las vigas se colocan en horizontal, apoyados sobre pilares y columnas; a su vez, encima de las vigas descansan otras estructuras (cubiertas y forjados, entre otras) que reciben al tejado o sirven de base para el suelo del piso siguiente. En el sistema abovedado, por el contrario, los elementos estructurales son curvos en lugar de rectos. El muro se abre mediante arcadas, formadas por hileras de arcos sobre pilares o columnas; para la cubierta se emplea la bóveda de cañón, que se genera por la proyección horizontal de un arco; y si es necesario cubrir grandes espacios de simetría central se utiliza la cúpula semiesférica o de media naranja, creada a partir de la rotación de un arco sobre su centro.


El sistema adintelado se puede llevar a cabo con numerosos materiales, pero las piezas horizontales han de trabajar a flexión, es decir, deben absorber esfuerzos de compresión en la parte superior y de tracción en la inferior. Las vigas, por tanto, suelen ser de madera, hierro, cemento con un agregado de hierro como corazón u hormigón armado. Los materiales peñascosos (naturales o artificiales) son poco apropiados, puesto que resisten mal las tensiones de tracción; para utilizarlos como elementos horizontales han de tener un canto y un peso muchos mayores. En los arcos y bóvedas, sin embargo, todos los elementos trabajan a compresión, de modo que siguiendo este sistema se pueden cubrir grandes espacios con piedra, ladrillo, argamasa u hormigón. Las bóvedas, en cualquier caso, generan una serie de tensiones laterales que deben ser contrarrestadas con estribos o contrafuertes.

Otros elementos importantes en los sistemas de cubiertas son las estructuras (de madera u otros materiales), que sirven para salvar mayores luces estructurales con un peso mucho menor que el de una viga convencional. Las estructuras pueden ser de madera (llamadas también cuchillos), o de acero (en forma de perfiles abiertos o tubos), que se conocen con el nombre de cerchas. Pueden tomar cualquier forma, ya que se basan en la subdivisión de la estructura en triángulos. Esta figura elemental, compuesta por la unión de tres segmentos unidos por sus extremos, puede extenderse hasta el infinito por el principio de la triangulación. Para fabricarla, basta con atar mediante una viga riostra otras dos vigas dispuestas en ángulo. Cada uno de estos triángulos está sometido a sus propios esfuerzos de tracción y compresión. En el siglo XVIII, los matemáticos aprendieron a aplicar sus conocimientos al estudio de las estructuras, haciendo posible calcular las tensiones exactas que se producen en cualquier situación. Así se inició el desarrollo de las armaduras espaciales, que pueden ser simples cerchas planas o complejos entramados reticulares tridimensionales.

Durante los siglos previos al XIX e inmediatamente de este, la ingeniería acomete una gran cantidad de obras de gran tamaño, como puentes, diques Iglesias, castillos u obras similares y túneles. Para ello se hace indispensable un avance científico en la edificación, como el cálculo de estructuras o la resistencia de materiales. En la actualidad se pueden cubrir espacios mediante estructuras colgantes que trabajan a tracción (al contrario de las bóvedas, donde todos los elementos trabajan a compresión), o con estructuras neumáticas, cuyas superficies se sustentan por medio de aire a presión. Los cálculos se hacen particularmente complejos cuando se trata de estructuras elevadas, debido a que la presión del viento o el riesgo de movimientos sísmicos pasan a ser factores más importantes que la propia gravedad.

La arquitectura también debe ocuparse del equipamiento interno de los edificios y sus instalaciones. 

La arquitectura también debe ocuparse del equipamiento interno de los edificios y sus instalaciones. En las últimas décadas se han inventado complejos sistemas de acondicionamiento, instalaciones eléctricas y sanitarias, prevención de incendios, iluminación artificial, elementos de circulación (como pasillos, escaleras mecánicas o ascensores hidráulicos). Desde hace poco tiempo se puede utilizar la informática para controlar todos estos sistemas, dando lugar a lo que se conoce como edificio inteligente. Todo esto ha supuesto un incremento de las expectativas de bienestar, pero también de los costes de la construcción.


A través de la historia se reconocen una serie de leitmotiv que han generado diferentes tipologías constructivas. Así, las obras más conmovedoras de la arquitectura —templos, iglesias, catedrales y mezquitas— nacen de motivaciones religiosas, y sirven para crear un lugar propicio al diálogo con Dios, o bien para adoctrinar a los fieles, o para que éstos celebren sus rituales sagrados. Otro de los móviles ha sido el sentimiento de seguridad: las estructuras más duraderas se construían como elementos defensivos, como las murallas o los castillos.

Uno de los motivos que más ha impulsado a la arquitectura a lo largo de la historia ha sido el deseo de ostentación: edificios que sean el orgullo de un pueblo, que reflejen el estatus personal o colectivo, o palacios para reyes y emperadores, construidos como símbolos de su poder. En general, las clases privilegiadas siempre han sido mecenas de arquitectos, artistas o artesanos, y sus encargos se han convertido, a veces, en el mejor legado artístico de su época. En la actualidad, su labor la desempeñan las grandes multinacionales, los gobiernos y las universidades, que llevan a cabo su función de una forma menos personalista.

La complejidad de la vida moderna ha provocado la proliferación de tipologías constructivas. En nuestros días, la arquitectura occidental está especialmente dedicada al diseño de viviendas colectivas, edificios de oficinas, centros comerciales, supermercados, escuelas, universidades, hospitales, aeropuertos, hoteles y complejos turísticos. En cualquier caso, el proyecto de un edificio nunca se realiza de forma aislada, sino prestando especial atención a sus interacciones con el entorno. Tanto los arquitectos como sus clientes están concienciados de este problema y se sirven del urbanismo para evitar impactos negativos sobre las zonas antiguas de las ciudades.


Historia de la arquitectura


Portada románica y gótica

En esta Ilustración se representan las diferencias entre los estilos románico y gótico a partir de los elementos que componen la portada.

Los orígenes de la arquitectura se pierden junto con los del ser humano y sólo se conocen por las escasas huellas que resisten el paso del tiempo. Sin embargo, es indudable que en la prehistoria el hombre empleó las artes constructivas no sólo con fines funcionales, sino también simbólicos. Prueba de ello son los numerosos restos de monumentos funerarios, cavernas artificiales o recintos conmemorativos. Utilizando de nuevo el paralelismo con la historia de la humanidad, se podría considerar que la historia de la arquitectura se remonta a los restos conservados del lenguaje arquitectónico, es decir, compositivo. Así, se puede datar su inicio asociado al desarrollo de las primeras ciudades mesopotámicas.


Para comprender mejor el curso histórico de la arquitectura se ha dividido su estudio en tres grandes áreas cuya evolución ha sido relativamente independiente. Se trata de la arquitectura oriental, la americana prehispánica y la occidental. Al margen de este estudio se queda la arquitectura vernácula, que a menudo ha sido una fuente donde ha bebido la arquitectura culta, pero cuyo desarrollo histórico es bastante restringido.


Arquitectura oriental 

El concepto de arquitectura oriental es confuso y típicamente occidental. Sin embargo, resulta bastante apropiado para englobar la arquitectura de una enorme zona geográfica que comprende la India, Indochina, Indonesia, China y Japón. Durante mucho tiempo, las religiones y culturas de esta parte del mundo se interrelacionan fuertemente, y con ellas van evolucionando las arquitecturas que les son propias. Este periodo concluye con la colonización occidental (incluso en Japón, donde la colonización fue tan sólo cultural), coincidiendo con la Revolución Industrial.


India y el Sureste asiático 

El material constructivo típico de la arquitectura primitiva de la India es la piedra, labrada profusamente de acuerdo con la imaginería tradicional hindú. Esta característica, unida a la ausencia casi total de espacios estructurados, lleva a considerar estas obras como piezas escultóricas antes que arquitectónicas.


India

El monumento más emblemático de la arquitectura india es la stupa. Se trata de un gran edificio de tradición budista, en forma de túmulo semiesférico. La más célebre es la de Sanchi, cerca de Bhopāl (en la parte central de la India), cuya construcción se llevó a cabo entre los siglos III a.C. y I d.C.


Durante el periodo primitivo, la construcción de templos y monasterios se limitaba a la excavación de santuarios en el interior de los acantilados. Las cuevas de Ellora y Ajanta (al noroeste de Bombay) son una serie de cavernas artificiales talladas en la roca durante siglos. Al evolucionar la construcción de templos, la excavación se sustituyó por otros métodos más convencionales de construcción pétrea. Sin embargo, continuó el predominio de las masas escultóricas frente a los espacios arquitectónicos.

Los templos hindúes se encuentran por toda la India, especialmente en el sur y el este, donde el poder de los caudillos mogoles fue menor. El jainismo es un culto aún bastante extendido y tiene su propia tradición en la construcción de templos, que sigue en vigor. Véase Arte y arquitectura de India.


Sureste asiático 

En esta zona el templo budista se llama wat. El más conocido es el de Angkor Wat, en el centro de Camboya, construido a principios del siglo XII (época en la que ya reinaba la actual dinastía Jemer). Se trata de un conjunto arquitectónico de piedra tallada con profusión, que alcanza una altura de 60 m y cuyo acceso está precedido por un puente ceremonial de 183 m que cruza el foso circundante.


Las tradiciones arquitectónicas budistas, que a menudo tienen origen en China, son muy evidentes en Myanmar (antes Birmania), Tailandia, Malasia, Java y Sri Lanka (antes Ceilán). Los templos y santuarios del palacio real de Bangkok tienen menos de doscientos años, lo que testifica la vitalidad cultural de esta arquitectura hace poco más de un siglo.



China y Japón 



Entre las culturas japonesa y china se aprecian elementos comunes; sin embargo, sus características generales son bastante diferentes. Concretamente la arquitectura de China es muy diferente de la de Japón, tanto en la forma como en el espíritu que la alimenta.



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